24 de marzo de 1992: Luis y cómo hacer una peineta

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Fue una clase práctica de cómo hacer una peineta y un corte de mangas. Ocurrió el 24 de marzo de 1992.  Luis Aragonés en estado puro. Al míster del Atlético de Madrid le tocaba hablar en la sala de Prensa del Vicente Calderón. Nadie se imaginaba lo que minutos después iba acontecer allí.

Tres días antes 1-1 en El Sadar.  El Atlético se descolgaba por la lucha por el título liguero. Se colocaba a cinco puntos del Real Madrid y Barcelona a falta 11 jornadas para la conclusión del campeonato. Luis había sido expulsado. “Al terminar el partido, el entrenador del Atlético se dirigió a mí diciéndome: ¿Ese penalti también es un error humano? Pues a los errores humanos, peineta“, mientras se llevaba el brazo derecho al codo izquierdo haciéndome un corte de mangas que repitió hasta tres veces”, redactó en el acta Juan Ansuátegui Roca, colegiado valenciano.

Luis se sentó en la sala de Prensa. Semblante serio. Se colocó el nudo de la corbata. Mirada, fija, penetrante. Una primera valoración del Luis-Aragones-curso-peineta-Atleticoempate. Luego, por la lucha del título liguero. Y llegó el momento. Se le preguntó por la sanción que le podía caer tras su expulsión. Sus ojos se desorbitaron. Su tono de voz no se quebró, pero fue adquiriendo más intensidad cada vez que articulaba la siguiente frase. Además, incorporó el lenguaje gestual.

 

Curso acelerado de cómo se hace una peineta y un corte de mangas

Según su versión, el árbitro había falseado el acta. Es mentira. Le hice una peineta y no un corte de mangas. Lo primero es un gesto español y lo segundo, una ofensa”. Y a continuación, un momento que en la actualidad sería trending topic. Un curso acelerado. Una clase práctica de como se hace una peineta y un corte de mangas. “Esto es una peineta”, dijo mientras levantaba el dedo corazón de su mano izquierda. “Y esto un corte de mangas”, mientras levantaba el brazo derecho uniéndolo con el codo izquierdo flexionado.

Todos los allí presentes nos quedamos boquiabiertos. Luis estaba cabreado. Cara desencajada. Mirada desafiante. Quería demostrar que el árbitro se equivocó en la redacción del acta. Le importaba poco la sanción que le podía caer. Estaba indignado por un penalti no señalado a Manolo. Un error arbitral que alejaba al Atlético del título. Eso era lo que le importaba. “Estoy harto de que los errores humanos siempre perjudican a los mismos. Ya escuecen. Como callado no adelanto nada tengo que salir a la palestra y decirlo. Cuanto más cerca estamos de la cabeza, más errores aparecen“, dijo. Acabó y se levantó. Nos dejó para la posteridad su curso de como se hace una peineta y un corte de mangas.